ADAMO IS OVER
- Primera parte-
Estás acostumbrada al amigo pesado
de tu padre con eso de que tienes un cara bonita. No te gusta ni siquiera como
gracia de señor mayor y, sobre todo, te importa un bledo lo que él piense. Tu
problema es otro: lo tienes que VER en la cara de ese chico extraño de la
piscina y que te hable de una vez por todas, ¡por fin!
Hoy hace un día espléndido de
agosto, sábado, y, como cada mañana, llegas a la taquilla sobre las once y
media. Llevas la bolsa de baño con estreno dentro: guarda un nuevo bañador con
pareo de toalla a juego. Tu madre encontró una tela de felpa muy fina de flores
pequeñas, idéntica de colores al dibujo que tiene la lycra y, en un rato, ¡ya
está!: te ha confeccionado una falda larga con un solo botón en la cadera que, además,
puedes extender en el suelo para tomar el sol. Vale, claro, no te sirve para
secar el cuerpo porque con el cloro perdería ese color intenso, ¡pero queda muy
bien para tumbarse encima!, farda mucho como si esas flores azules sobre lecho
blanco se prolongarán, como fondo de foto donde sólo se destaca tu silueta. Todo
un flower power. Y, encima, el césped, ya agostado, no lo manchará de verdín.
Estrenas - ¡por fin lo has
logrado! - un bañador de verdad, con unas cazuelas que mantienen el pecho firme, levantado, no tortilla
como los otros, recogido en el cuello, con tirantes cruzados por la espalda. ¡Vaya!
Nada que ver con el anterior que usas. Éste es de mujer. Ya puedes guardar el otro,
el de niña, un poco decolorado, sólo para los baños en la piscina de casa. Este
nuevo es para presumir.
Te encaminas derecha hacia el
vestuario y, de paso, vas repasando quién anda por la pileta, comprobando si los
demás de la panda ya han llegado. No localizas a todos pero, por la hora, sabes
que están al llegar. Ellas, las pocas que faltan, no tardarán.
Los ves y están en su sitio. Algunos
de los chicos de la pandilla trabajan en Madrid entre semana y cogen el autobús que llega a las
once. Ya subirán. Han tenido que ir a dejar las mochilas con las tiendas de campaña
en casa de la familia de los Nieto. Hoy no se instalarán en el campo, como
otros fines de semana. Su padre les ha dejado acampar en el prado que hay pegado
a su jardín: tenéis guateque a la tarde. Con merendola. Y si hay borrachera,
mejor que duerman cerca. Los Nieto - los hermanos, el primo Luis y la pequeña -
veranean en las mismas casas alquiladas para toda la temporada desde hace
muchos años y el dueño les permite hacer uso de todo el terreno, con su
cobertizo, una nave pequeña que es vuestro particular club social. Allí guardan
sus cosas.
Llegarán todos juntos, ya lo
verás.
La música está a todo volumen y
el The shocking blue suena.
Es el comienzo de una serie larga de temas grabados en cassette
que siempre recordarás como la música de tu vida. Cada mañana, cuando llegas,
te preguntas una y otra vez cómo y quién hace la selección de esas canciones de
fondo. No es de la radio: lo sabes. Te han dicho que es cosa del hijo mayor del
dueño de todo y del bañista, Paco, un señor ya, de más de treinta, siempre tan
amable con todas vosotras. Ellos las deben grabar. El aparato reproductor está
en el bar, al lado de los vestuarios, y sale por los altavoces de embudo. Te lo
ha contado Mercedes, otra intermitente de la pandilla, la hija pequeña de los
dueños.
Paco está ahí, a la entrada del
vestuario, en su sitio. Le saludas al entrar al pasillo de las cabinas y te da
la ficha de tu taquilla.
Paco es una especie de "señor
para todo"; conoce a cada uno de los habituales abonados por el nombre y
da mucha seguridad con su aspecto de medio hombre de pueblo y medio hippie a la
vez, un rubio pelo paja, en pantalón corto y camisa de cuadros, con la piel tan
morena y tan curtida que parece cuero reseco. Se pasea por todos lados y cuida
de niños y señoras, duchas, vestuarios, césped, pintura de paredes y
barandillas. Y hasta de las bolsas de baño si alguien le pide que les eche un
ojo si se van a remojar. Lo ve todo, lo conoce todo, está en todo. Su mujer,
menuda y un poco regordeta, con su bata de batista de pequeñas flores y
zapatillas de lona, le ayuda para vigilar de la pileta de abajo, la de los
niños pequeños. Sabes que no tienen hijos, como sabes que viven en la casa que
hay en la parte baja del recinto, pegada a la caseta de la depuradora. Con el paso
del tiempo y el regreso nublado del recuerdo de este momento, cuando Paco también
lleve el restaurante de los apartamentos, llegarás a pensar que tenía el don de
estar en varios sitios a la vez, ubicuidad, le dicen. Nunca le has visto metido
en el agua pero nunca has dudado de que sabe nadar muy bien. Muchas veces te ha corregido el estilo - ese
brazo, estírate, respira con ritmo, las piernas juntas - y hasta llegó a inscribirte
en el campeonato de natación de las fiestas de la Virgen. También te enseñó a
saltar bien desde el trampolín.
Allí está Paco, como esperándote,
como cada mañana.
Cuando sales de la cabina con tu
bañador nuevo y esa falda tan vistosa, al mirarte en el espejo grande del fondo,
te das cuenta de que has cambiado. Tu cuerpo ha cambiado en algo, tú no, tú eres
tú. Y, por primera vez, te agrada lo que ves. Te estiras un poco y te vuelves a
mirar. Chavala, te queda bien el conjunto.
A la salida te encuentras con
José, el Bravo le llamáis por el apellido, sentado en una silla junto a la
barra del bar. Ha llegado el primero de los de Madrid y te mira de arriba a
bajo mientras se toma una caña, la primera del largo día. Suena Mungo Jerry y te falta poco para ponerte
a bailar con él.
Pepe siempre fue feo, un poco enjuto y apenas te saca unos
centímetros pero, por extraño que parezca, a ti te gusta. Es gracioso, tiene
chispa. Ya hizo la mili y trabaja en un banco. Maneja más dinero que los demás,
y como es más mayor que la mayoría, lo hace valer.
También está acercándose Pedro, unos
de los más jóvenes, será como tú o un año más, cargado con su cámara de fotos.
¡Es tan alto y tan fuerte, con su perfecto pelo largo y rubio, a lo beatle! Las
tiene locas a todas aunque a ti nunca te gustó. Un poco soso, te dices, un poco
simio de cara, un poco simple, un poco aniñado, como un Bee Gees a medias de hacer.
Las demás afirman que tú no tienes
razón, que eres tú que no le revisas bien, siempre un poco rara: mira que
gustarte Pepe. Ellas no te entienden, como siempre.
El atlético Pedrito de 1,90 siempre
lleva su Kodak colgada del cuello y Bravo le pide que os saque una foto. Es la
primera vez que no te da vergüenza y le agarras fuerte del brazo como si fuera
tu novio: un posado nupcial sicodélico. Allí mismo, pegados a la columna de
entrada al bar. Él también pone planta del atleta orgulloso que no es, tiene cero
musculitos que sacar. Se estira mucho con las manos agarradas a la cintura del meyba,
pero nada, ni un biceps. Se aprovecha de
que sabe que le has gustado, y aún se lo cree. Formáis una extraña pareja de
boda feliz en bañador. Y Pedro aprieta el obturador para la posteridad. Cerca
del trampolín te repite el posado. Días
después te las va a dar reveladas, ya verás, como regalo. Y siempre las guardarás.
Pero a ti ahora, en el día de
hoy, con esta luminosa mañana de agosto en la gran piscina pública de un pueblo
de veraneo de la Sierra de Madrid, con tus diecisiete recién puestos y tu
bañador que es la envidia hasta de las que se atreven desde hace mucho con el
bikini, poco te importa formar parte de la colección de fotos de chicas que
Pedro guarda celosamente, con tanto orgullo, para su historia sentimental de
machote de una vez. Te da igual lo que sueñe Bravo o lo que Pedro cuente cuando
sea mayor. Tú solo quieres llegar al sitio donde siempre os sentáis. ÉL YA ESTÁ
AHI. Suena ya ABC, los Jackson 5.
Sabes que ese chico rubio, de
pelo largo y lacio, de nariz grande, cuerpo atlético pero todavía sin
"mazar", en sleep de color
negro, sólo un poco más alto que tú, silencioso y solitario, suele colocar sus
toallas cerca de vosotros. No le conocéis de nada pese a pasar dos horas todos
los días con las toallas muy próximas. Nunca se ha atrevido a dirigiros la
palabra y mira que, con una panda tan grande y con tantas chicas y chicos
montando su juerga a dos metros de distancia, es difícil no buscar cómo entablar
conversación. Sois los reyes de la piscina, el reino de la ele azul.
En el pueblo hay dos o tres
pandillas más, así de numerosas y de vuestra edad: la de los más ricos y la de
los del pueblo. Y se repiten en dos cortes sucesivos de edad. Unos se bañan en
sus chalets: no se mezclan; y los otros no pagan el abono: prefieren las pozas
del río. Tampoco éstos se mezclan. Pero
la vuestra es la más abierta, cada vez más y más, y es raro que, a lo largo del
verano, no se sume a vuestra diversión alguien nuevo en el pueblo, o a alguno
de las otras dos haga una incursión en vuestra oferta. Nunca sabe dónde puede
saltar un buen amor eterno o, al menos, algo para contar después, en septiembre.
Llevas un mes observándole. No
tiene pandilla. Le has visto por el pueblo pasear solo o con su hermano pequeño,
alguna vez. O en el cine de la tarde. Sin duda, es raro. Pero ese misterio hace
que te guste más. Ya sabes hasta dónde está su casa de veraneo.
Lo primero que te llamó la
atención fue su pelo, distinto al de los demás, como el de un extranjero, más
largo que el de todos. No es un Paul McCartney. Es un David Bowie, descubrirás
después cuando te suene el hombre de las estrellas. Desde entonces, cuando le
viste por primera vez, día a día, le estudias disimuladamente como si fuera un
bicho raro allí entre la hierba. Cuida de sus hermanos algo más pequeños y no
se enfada con ellos. Le llaman Ricardo. Se baña, se seca, juega con la pequeña
y se vuelve a bañar. A veces, lee un libro. Y siempre se coloca en el mismo
lugar. Bueno, vosotros también. Bueno, todo el mundo se sienta siempre más o
menos en el mismo lugar. Es como si os hubieran repartido parcelas a principio
de temporada para dos meses y medio.
Cuando llegas con José y con
Pedro a donde están todos, las amigas te miran de arriba abajo. Hasta la Maior
y la Peque, las reinas de esta temporada ¡Qué bonito! te dice Goyi. Como se
nota la mano de tu madre, concluye por si alguien no sabía de las dotes
costureras maternas. ¡Será imbécil!
Ellos, testosterona en movimiento
aunque tú todavía no has descubierto cuanta les cabe, no pueden evitar decir o
hacer alguna gracieta, silbidito, besito
al aire, aunque sus novias de ese verano los miran con esa cara de la
mato que tú también sabrías poner. Es
la primera vez que te pasa.
Después de tres años de panda,
algunos ya son parejas fijas, novios formales de verano e invierno. Cuando
Juan Carlos acabe la mili y el peritaje haremos planes de boda, remarca Mari
Carmen cada vez que las chicas os juntáis para hablar de vuestras cosas. Son
los más adelantados y lo pueden exhibir en público. Se besan a todas horas y
siempre caminan de la mano. La palma les debe de sudar un poco.
Otros van ligando de modo
rotativo, como en esos bailes modernos de cambio de pareja, para ver si hay
suerte y ésta es la definitiva, el amor de verdad. A veces, se incorpora a la
panda algún chico nuevo o alguna amiga de alguien y el hormiguero se
revoluciona. Y a rotar otra vez aunque a ti no te han tocado hasta ahora papeletas
en el sorteo. Sin embargo, este día algo te dice que puede empezar tu turno. Es
el efecto bañador, como si no fueras
la misma de la semana pasada, piensas.
No les haces ni caso: Puente sobre aguas turbulentas hace su
aparición en el aire con ese ligero olor a lejía.
Pedro te acaba de tirar la
segunda y en la tercera no aparecerás. Él sí, apenas escondido entre los
árboles. No sabes muy bien cómo ha sido pero le has hablado. Ah, sí. Le pides
permiso para colocar la toalla-falda cerca, ¡es que sois tantos que ocupáis
medio lateral!
Suena un poco lejano, entre tanta
algarabía y chapoteo, el eterno y cadencioso "Ah, ah. Ah, ah". Los Módulos. Parece hecho aposta: Siento que ya llega la hora que dentro de un
momento...", tan almibarado que en la punta de la lengua se siente la
melaza chorreando. No son lo tuyo pero ¡menudo momento!
Nada importa lo que estáis
hablando, él es escaso de palabras y los demás no dejan de interrumpir. Y te
tienes que bañar. Tú preguntas cosas que ya sabes y a sus respuestas aprovechas
para contar cosas de ti. Sabes que esta tarde hay guateque en los Nieto. Y le
has sacado que seguirá de veraneo hasta final de mes. Ya has abierto brecha. Yellow River, Yellow River . Perfecto, chica.